28 jul 2021

Un cohete especial

28 jul 2021

Un cohete especial

2do. puesto concurso #YoTengoUnFuturo

Era una tarde hermosa en el parque: niños correteando en sus bicicletas, ancianos conversando plácidamente en las bancas, el vendedor de globos paseando con su multicolor mercancía. Pasos más allá, un artista callejero —híbrido entre mimo y payaso— arrancaba carcajadas colectivas.

Carlitos observaba con alegría al artista callejero. Carolina, su madre, estaba cerca vendiendo palomitas de maíz. Entre un sinnúmero de estallidos, el popcorn esparcía su agradable aroma.

Felipe y su abuela, al igual que otros niños y sus padres, se acercaron al carrito de Carolina a comprar palomitas de maíz.

Algo capturó la atención de Carlitos. Se trataba de un hermoso cohetito que Felipe llevaba entre las manos.

–Te gusta la alcancía, ¿verdad? –le preguntó la abuela al pequeño espía que ahora los seguía.

Carlitos, que ni idea tenía de lo que era una “alcancía”, respondió con un movimiento afirmativo sin ocultar su gran emoción. Pero justo, en ese instante, lo llamó su mamá.

La algarabía continuaba, los niños con sus globos, las risas, el artista mezcla de payaso y mimo… y en la mente de Carlitos, solo ese cohete espacial.

Observó hacia la banca, pero ellos ya no estaban. El desánimo se apoderó de él y sintió tristeza, imaginando cómo jugaría con ese precioso cohete.

Había transcurrido media hora y de repente, ante los ojos de Carlitos, aparecían nuevamente. Felipe, su abuela y… ese bello cohete que no había podido apartar de sus pensamientos. Sin dudarlo corrió hacia ellos.

–¿Cuál es tu nombre?, pequeño –preguntó la anciana mujer mientras extraía algo de su bolsa.

–Carlitos, señora. Me llamo Carlitos.

–Bueno, Carlitos, esto es para ti.

El pequeño no podía creer lo que veía; se trataba del anhelado cohetito…

–¡Mira, Felipe, mi cohete está desplegando!, ¡allí va!, ¡hacia la luna y las estrellas!

–¡El mío llegará a Marte, Carlitos!

¿Marte? Carlitos no sabía si le intrigaba más saber dónde quedaba Marte o por qué su cohete tenía una pequeña ranura a un costado…

Los niños siguieron jugando muy contentos mientras la abuela tejía y los observaba. Entonces rompió el sonido de una corneta…

–¡Helados!, ¡abuela!, ¡helados! Felipe comenzó a sacudir su cohetito, poniéndolo de costado, con la ranura hacia abajo.

–Espera Felipe ¿qué haces?

–Abuela, dijiste que podría gastar lo que ahorrara en algo especial… ¡Así que invitaré los helados!

–Felipe, claro que podrás gastar los ahorros de tu alcancía para comprar algo especial, necesario o simplemente darte un gusto y, en efecto, esta ocasión lo ameritaría, pero … recién tienes un sol.

Felipe observó a la abuela sin entender, su corta edad no le permitía aún relacionar correctamente precios con cantidades.

Carlitos también estaba confundido, “alcancía”, “ahorros”… Nunca antes había escuchado esas palabras. Aunque las cosas empezaban a tener sentido…, pero ¡claro!, para eso servía la ranura de su cohete.

–Ahorrar es bueno, Felipe; lo seguirás haciendo y cuando tengas una cantidad suficiente podrás gastar, pero antes tendrás que ser paciente y esperar un tiempo —agregó la abuela.

–Entonces, abuela, ¿no podré comprar helados porque aún no ahorré lo suficiente?

–Así es, mi pequeño, pero más adelante lo harás. ¡Anímate!, yo invitaré los helados…

–Felipe, tu abuela sabe mucho y te compra muchas cosas… ella también ahorra, ¿verdad? –preguntó Carlitos, habiendo entendido todo el asunto sobre “alcancía” y “ahorro”.

–Pues sí, la abuela me contó que alguien le ayudó a ahorrar mientras trabajaba… y ahora puede disfrutarlo porque es pensionista.

–¿Pensionista?

–Sí, es que ya no trabaja, ¡pero le pagan con esos ahorros como si trabajara!

–Uffff, ¡cuántas enseñanzas! –Carlitos sonrió.

Los helados estaban deliciosos. Carlitos abrazó su cohete… no solo era espacial, sino ESPECIAL.

Autora: Blanca Beatriz Calcina Añacata

Edad: 42 años