28 jul 2021

Pequeños emprendedores

28 jul 2021

Pequeños emprendedores

2do. puesto concurso #YoTengoUnFuturo

En un pequeño y hermoso pueblito llamado Curampa, ubicado en el valle del río Apurímac, Ene y el Mantaro, más conocido como VRAEM, un año antes de la pandemia, conocí una escuelita unidocente, a la cual me matricularon contra mi voluntad; esto se debió a que tuvimos que mudarnos desde mi querida tierra Andahuaylas hacia esa localidad por motivos de trabajo de mi padre.

Al asistir la primera semana, me quedé sorprendida al ver a todos los niños y niñas aprendiendo en un solo salón de clases bajo el cuidado de un solo profesor, grandes y pequeños estábamos frente a frente; nunca lo hubiera creído porque en mi escuela anterior, en mi salón solamente, estudiábamos niñas y niños de mi edad, pero aquí sucedía todo lo contrario; sin embargo, a todos ellos parecía no importarles. Todos leían, cantaban, jugaban con total naturalidad e incluso cuando Estefani o Wilson, los niños más pequeños de primer grado pedían permiso para salir, eran llevados de la mano por los compañeros o compañeras más grandes; era muy diferente a todo lo que yo vivía en la ciudad, pero empezaba a gustarme porque, al estar en tercer grado, yo iba a enseñar y ayudar a los más pequeños, y los más grandes me iban a ayudar a mí; era una experiencia diferente.

Pasadas algunas semanas, sin duda alguna, lo que más me llamó la atención fue ver lo que el profesor y los niños hacían los días viernes por la tarde; era emocionante ver cómo el profesor enseñaba a los niños y a los padres de familia a preparar deliciosas chocotejas, quesos en molde, yogures frutados y a realizar cultivos hidropónicos y de suelo, recalcándonos en todo momento que debíamos aprender a generar nuestros propios ingresos e ir empezando a ahorrar para ir cubriendo nuestras necesidades. Todos los niños esperábamos ansiosos que llegue el día para preparar, degustar con nuestra familia y vender una parte de esos deliciosos productos en nuestra comunidad; por la poca cantidad que producíamos, las ganancias no eran muchas; sin embargo, ello no nos impedía ir ahorrando lo poco que se ganaba en una alcancía a la que nosotros llamábamos “chanchito”.

Cuando ya nos volvimos unos expertos en la preparación de chocotejas con frutos secos, a mi compañera Isabel de sexto grado, se le ocurrió que podríamos aumentar nuestra producción para poder vender esas delicias en el puesto de comida que tenía su mamita Julia en la feria dominical del distrito de Huaccana, ello con la finalidad de recaudar mayores fondos e ir ahorrando para la compra de los uniformes y los útiles escolares, ya que estos son gastos difíciles de cubrir por nuestros padres.

Nuestro primer obstáculo fue abastecernos de insumos para realizar una mayor producción, por ello, le pedimos al profesor que, en las ocasiones que fuera a la capital de la provincia de Chincheros a realizar cualquier trámite de la escuela, aproveche para comprarnos los insumos necesarios, gastos que fuimos cubriendo todos mis compañeros con nuestros pequeños ahorros acumulados y que, al juntarlos todos, ya eran suficientes para empezar con el negocio. Y así lo hicimos, el primer domingo Isabel llevó una canasta con 220 chocotejas a la feria dominical del distrito; el lunes la esperamos con la emoción de saber cómo le fue en la venta, y al llegar ella, muy alegre, nos contó que todas las chocotejas se habían agotado a solo unas horas de haberlas exhibido, y que dos puestos cercanos le pidieron que las entregue al por mayor. Con ayuda del profesor, separamos las ganancias del capital que invertimos y decidimos continuar con la producción de chocotejas, yogures y quesos en molde en mayores cantidades. Con ayuda de nuestros padres, fuimos ahorrando y replicando la producción desde nuestros hogares.

Ahora en familia, ahorramos las ganancias para tener un respaldo económico más adelante, frente a cualquier necesidad o para cuando seamos viejitos. Hoy estoy muy contenta de haber llegado a esa escuelita, que nos enseñó que el fruto de nuestro esfuerzo de hoy debe ser nuestro mayor respaldo en el futuro.

Autora: Ehilen Dayra Torres Huarcaya

Edad: 10 años