28 jul 2021

La caja de las orugas

28 jul 2021

La caja de las orugas

2do. puesto concurso #YoTengoUnFuturo

Había una vez un joven llamado Edward de 13 años que vivía en la ciudad de Cusco. Este era un niño un poco tímido, aunque muy inteligente con las matemáticas. Tenía la pasión por la ciencia y por conocer todos los secretos que oculta este magnífico mundo de la naturaleza.

Un día sus padres le dieron la deseada noticia: ¡irían a pasar las vacaciones en la casa de su abuelo!

Edward se emocionó porque hace mucho que no veía a su abuelo que vivía en la ciudad de Oxapampa. Aún recuerda el día que rompieron su alcancía, donde estaban ahorrando dinero para poder comprar su anhelada computadora; estaba contento porque muchos años estuvo sin poder ver a su abuelo Joaquín; quería mostrarle su proyecto, en el cual había trabajado muchas semanas. Había elaborado una caja de gran tamaño donde vivían unas pequeñas orugas. Cada día, Edward miraba a sus orugas y poco a poco iba agregando una más en la caja, para observar y estudiar su comportamiento en el hábitat. Así que no lo dudó y empezó a empacar sus maletas para ir a la casa de su abuelo.

Al día siguiente, Edward estaba listo; tenía todo preparado; estaba ansioso por visitar a su abuelo. En el trayecto observó varias montañas, mesetas e incluso un arcoíris que le hicieron agrandar su amor por la naturaleza.

Al llegar a Oxapampa, su abuelo Joaquín estaba muy contento por volver a ver a la familia, en especial a su nieto.

Al bajar las maletas de la camioneta, el abuelo Joaquín vio algo que le llamó la atención, una caja cubierta con un mantel negro, y sin dudarlo jaló el mantel y observó el experimento de Edward, quien al instante le explicó a su abuelo sobre la importancia del ensayo.

Después de varios días de juegos, baile, risa y diversión, el abuelo Joaquín observó el rostro triste de su nieto.

—¿Qué te pasa hijo, por qué esa cara? —preguntó el abuelo.

—Es que pronto mis orugas saldrán de sus capullos y tendré que dejarlas ir —dijo Edward entristecido.

Es entonces donde el abuelo Joaquín con mucho cariño le explicó a Edward: «Hijo, lo que tú hiciste en la caja de orugas fue ahorrar; cada día pusiste una pequeña oruga y te aseguraste de que se desarrolle y se adaptara bien al ambiente; lo mismo sucede con los ahorros, poco a poco juntamos dinero, y con el paso del tiempo vemos las grandes recompensas. Por ejemplo, hoy en día yo puedo cobrar mi pensión de jubilación como resultado de mi arduo trabajo de muchos años e incluso los animales son previsores como las hormigas, el oso y las orugas que estudiaste; por eso, mi querido hijo, el ahorro es muy importante en nuestras vidas, porque nos enseñan a esforzarnos para cumplir nuestras metas y en el futuro gozar de una mejor calidad de vida».

Y el abuelo contento dijo:

—¡Es hora de ver el resultado de tu experimento!, vayamos al parque de Yanachaga.

Y al llegar al parque, muy emocionados, Edward y su abuelo abrieron la caja y observaron algo extraordinario: los capullos se rompían, uno en uno, y en ello, hermosas mariposas extendieron sus pequeñas alas y volaron esplendorosas, dejando a Edward y a su abuelo maravillados al contemplar el magnífico espectáculo.

Edward se queda asombrado porque, sin darse cuenta, todas estas semanas que había trabajado en su proyecto estaba practicando el ahorro.

Autor: Baharuc Alonso Mendoza Vargas.

Edad: 13 años