28 jul 2021

Juan sin suerte

28 jul 2021

Juan sin suerte

1er. puesto concurso #YoTengoUnFuturo

En medio de una arboleda, estaba Juan, el héroe de nuestra historia, un chiquillo de 14 años tan flaco como una quena, pero avispado como un alfiler.

—¡Apúrate Juan! —llamó su madre desde su puerta.

—¡Ya, mamá, aquí estoy! —contestó, mientras desparramaba la leña al costado de unas ollas negras como la noche.

—¡No te olvides de la leche! —le recordó.

—Sí, ya voy! —dijo mientras cogía un pan recién horneado.

Jacinta, había aceptado la propuesta del padre Luchito, de llevarse a vivir a sus hijos al convento. A todos menos a Juan, el único capaz de reemplazar a su padre, muerto el año anterior.

—Al menos alguien, no trabajará tanto —pensó Juan.

Ya en la lechería del pueblo, la vaca Lerén, terminaba de morder y cornear a alguien que había osado tocarle las ubres. Odiaba a todos, menos a Juan.

Por una extraña razón, Juan era el único que podía salir airoso de Lerén y de las demás vacas que daban la mejor leche en sus manos, cada vez que cantaba.

Un día ante tanto sufrimiento, se le ocurrió decir: «Si por cada litro de leche, me pusieran un sol en la mano; con gusto cantaría».

Y fue así como litros fueron y monedas vinieron, llenando con sus ahorros el interior de un tronco seco, que Juan había elegido como alcancía. Este parecía un demonio… ¡capaz de perseguirte hasta tu cama!

Un día Jacinta enfermó, por los humos del fogón.

—¡Si solo tuviera un horno de briquetas! —decía.

Al escuchar esto, Juan salió corriendo, y regresó con la anhelada carga.

—Pero ¿cómo hiciste? —preguntó su madre.

—Un comerciante colgaba de un abismo, y antes de caer le salvé la vida. En agradecimiento me dio esto.

Otro día la abuela de Juan enfermó, requiriendo medicamentos muy caros.

Al saberlo, Juan salió corriendo, y regresó con los remedios.

—Pero ¿cómo hiciste? —preguntó su madre.

—Desde el fondo de un barranco escuché relinchar una yegua, que se hundía en un pantano. En agradecimiento por salvarla, el dueño me compró la receta.

Pedrito, tenía una oveja llamada Alhelí. Un día se perdió y después de buscarla, Juan se la quitó de la boca a un puma.

– Mi Alhelí va a morir —lloraba Pedrito—.

Gracias al suero que le compró a Don Pascual, la ovejita se salvó.

—¡Felizmente tenías dinero ahorrado, Juan! —dijo el niño.

—¿De qué dinero hablan? —preguntó la madre.

—¡No. Pedrito dijo que un “arriero” curó a Alhelí, con la leche de sus cabras!

Pero esta vez, su mamá no calló.

De nada le valieron a Juan sus juramentos, pues Jacinta creía que su hijo era un ladrón.

—¡El dinero es mío! Lo conseguí ordeñando vacas —clamaba.

Al enterarse, una multitud cogió a Juan para azotarlo, diciéndole que su familia sería expulsada del pueblo y sus bienes confiscados.

—¡Vamos a un lugar que hablará por mí! —suplicó.

La gente accedió y una vez allí no podían creer cómo el rey de los fantasmas, se había convertido en un árbol lleno de flores, con más de diez mil monedas en su interior.

—Esto, lo gané cantando y guardando —confesó.

—Canta y te creeré —le dijo su madre.

Apenas comenzó a cantar, Jacinta lloró.

—Pero ¿por qué lloras? —preguntó.

—¡Porque esa era la canción que tu padre te cantaba, cuando eras un bebé!

A partir de entonces, Juan supo que desde el cielo su padre le había regalado esa simple canción para que, a través del ahorro, hiciera feliz a tanta gente, que nunca más le llamaría, Juan sin suerte.

Autor: Jorge Eduardo Ortega Palacios

Edad: 61 años