28 jul 2021

Esperanza en el futuro

28 jul 2021

Esperanza en el futuro

3er. puesto concurso #YoTengoUnFuturo

¡Felicidades! Los resultados acaban de ser publicados y Esperanza ya es una flamante estudiante universitaria. Nuevos retos se acercan y la aproximan a la vida profesional.

¡Lo logré! ¡Lo logré! –Esperanza no podía estar más alegre.

—Toma, era de tu abuela, luego fue mía y ahora… es tuya hija –le dijo su padre entregándole una alcancía en forma de chanchito, con el corazón en la mano y los ojos llenos de nostalgia.

—Aquí irás ahorrando diariamente de la propina que yo te daré –agregó.

Esperanza vive con su padre, que se llama Salvador y con su abuela, quien se llama Felicidad; mamá Feli para los nietos. Los últimos años no han sido sencillos para la familia, pero el amor es la mejor curita para las heridas.

El tiempo pasa muy rápido, como liebre corriendo por verdes campos, y ¡ya han pasado cinco meses! Ahorrar no ha sido sencillo, sobretodo porque las tentaciones nunca faltan, pero si hay algo que Esperanza vio y aprendió con el ejemplo de su familia es que todo esfuerzo tiene una recompensa y que lo que a uno le cuesta, lo valora. De niña, cuando la mamá de Esperanza aún vivía, pudo ver cómo sus padres ahorraban día a día y así, moneda a moneda, lograron juntar el dinero suficiente para construir, lo que es hoy, una bella casa, resultado del sacrificio, de la constancia y del amor. De hecho, cada vez que Esperanza sentía que ya no podía más en determinada actividad y quería tirar la toalla, mamá siempre le decía:

—¿Cómo me llamo yo?

—Constanza, mami —le decía Esperanza con una sonrisa pícara porque eso era algo que sabía desde que empezó a decir sus primeras palabras.

—¡Exacto mi linda Esperanza! Y si a mi nombre le cambiamos la z por la c y seguidamente le aumentamos una i obtenemos… ¡Constancia! Ese es un valor que siempre debe estar presente en tu vida —le contestaba su mamá y finalizaba dándole un beso en la frente a su linda Esperanza.

Son palabras que uno nunca olvida. Ahora, Esperanza ha juntado una buena cantidad de dinero, digo, hubiera sido más, pero ya saben, las salchipapas no son gratis.

—Creo que ahorré lo suficiente como para comprarme algo bonito –le dijo con emoción Esperanza a su papá.

—¡Genial! pero… ¿lo gastarás todo? —le preguntó su papá.

—Tú gastas todo tu sueldo, ¿no? —le respondió Esperanza con una sonrisa en su rostro.

—No hija, de hecho, parte de mi sueldo se va a un fondo en donde cada mes se va juntando más y más, y de esto que ahora se va “guardando” podré vivir tranquilo cuando sea viejito, así como mamá Feli –le dijo su papá con una sonrisa de vuelta.

Luego de aquella conversación, Esperanza se quedó pensando. ¿Ella podría necesitar en el futuro el dinero que ahorró? No, ¿verdad?, ¿o sí? Es decir, ¿qué podría pasar? Una vez, cuando Esperanza se dirigía camino a casa, le entregaron un volante en donde le ofrecían contratar un seguro de vida en contra de accidentes… ¡Accidentes! ¡Eso es! Pensemos en el futuro, si a mamá Feli o a su papá les pasara un accidente; ella podría apoyar con lo que ha ahorrado, es más, tendría más de lo que ya tiene hasta ahora.

Entonces, Esperanza en el futuro pensó y ahora, de la importancia de prever entendió. Lo que ahora puede parecer lejano o no posible, en el futuro puede suceder; y para ese momento, la linda Esperanza estará lista y, además, como granito de mostaza, llegará a ser muy grande.

Autor: Loria Jeánneri Sucapuca Quispe

Edad: 20 años